jueves, octubre 18, 2007

O te quejas o te jodés

La queja debe existir. Eso es un hecho. Es algo imprescindiblemente necesario para que las cosas funcionen mejor cuando no es así. El problema es que existen culturas, como la uruguaya, en el que la gente está horriblemente mal acostumbrada a bancarse las cosas. Gente conformista en todas las esquinas. Gente que prefiere ir a quejarse al boliche o en un partido de truco, y que sin embargo no se digna a mover el culo para expresar lo que lo hace sentir mal o desconforme.

Esto va desde fumarse un puto 121 andando a 12 kilómetros por hora, demorando 50 minutos entre Punta Carretas y Ciudad Vieja (4 kilómetros!!!), hasta el lapidario servicio telefónico que ofrece Antel y Ancel (y AntelData por supuesto), abusando constantemente de los usuarios. Sin ir más lejos, el SLA (Acuerdo del Nivel de Servicio) que provee Antel, es una VERGUENZA. Es una burla a los derechos de las personas. Ofrecen lo que quieren y cuando quieren, y si no te dan el servicio por el que pagas, no te podés quejar. Apagan las ganas de mejorar de la gente.

Las cosas funcionan mal, y la gente o bien no se queja, o bien (o más bien mal) justifica eso con problemas salariales o de infraestructura. EXCUSAS !!! Así estamos. Conformándonos con la borra...las migajas.

Voy a citar las definiciones de un correligionario. Antes que nada, estoy en desacuerdo con lo que dice sobre que "En primer lugar por ser Uruguayo vengo de fabrica con una condicion innata para quejarme". Eso no es cierto. El uruguayo no se queja, CACAREA que no es lo mismo. La queja fundada tiene que conllevar a un cambio. La queja al pedo, es simplemente CACAREO ... no sirve para nada. El uruguayo se queja en el boliche, no en atención al consumidor/cliente.

Lo que dice en su blog es lo siguiente...

Definición : Sensación de malestar en una parte del cuerpo debida a causas externas o interna...

Sinónimos : lamento, gemido, quejido, llanto, lloro, querella, reclamación, protesta, demanda, descontento, sentimiento, pena, disgusto

Antónimos: satisfacción, contento

Ahora, viendo un poco esto, se puede comprender un poco mejor el porqué los uruguayos son tan amargados y andan siempre como tortugas para todos lados..."en la vuelta".

Como decía antes, si en Buenos Aires (no los elogio, pero en este sentido cuentan con una ventaja) si suben el precio del bondi 10 centavos, se arma una guerra civil. Acá nos suben 1 peso la nafta, 1 peso el bondi y 1 peso la leche, y todos cayaditos la boca, no sea cosa que nos digan quejosos.

Acá, nos toman el pelo. Viene Antel y dice "ahora las llamadas al interior salen lo mismo que las locales!!!" como si fuera un enorme logro. Intentando engañar a los usuarios (y dueños de la empresa en sí) para que crean que las tarifas del interior bajaron. En realidad, subieron las capitalinas. O sea, nos mintieron...y quien se queja? Nadie.

Ojo...no es solo Antel (aunque si es la peor de las prostitutas del estado) sino millones de otras situaciones en la que el uruguayo prefiere someterse a la voluntad o deseos de otro, que levantarse y decir lo que piensa. No es por miedo, es por boludez.

Somos ovejitas listas para recibir la visita del peón con su ladrillo caliente en la mano ... que triste.

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3 comentarios:

tati dijo...

simplemente voy a citar un poema de Armando Tejada Gómez

PEATON, DIGA NO

Salir, el viento arriba, cualquier mañana de estas
al día trepidante, izando la paciencia,
insistiendo en los sueños que no se dan y huyen
locamente delante de nuestra suerte perra;
salir, ya mal herido por los informativos
y con el diario en llamas por la chispa de América
--corriendo hacia lo de uno urgentemente solo-,
es un fulero asunto, una ronca vergüenza
escondida en el fondo del manso portafolios,
esa tonta mochila del peatón sin tregua.

Yo peatón, me digo con el pecho golpeado
por las humillaciones sucesivas del día,
digo que yo me digo: hay que hacer algo, viejo,
antes que venga el cáncer y te deje en la vía;
hay que hacer algo pronto y aquí, sin ir más lejos,
hacer, no se qué cornos, empezar la podrida,
porque yo ya no llego ni con la lengua afuera
si no empiezo esta cosa de enderezar la vida,
¡aquí y ahora mismo!, digo, sin dar más vueltas,
asumiendo la bronca feroz de cada día.

¿Qué hacer? ¿qué hacer, hermano, debajo de la lluvia?
¿Debajo del cemento, donde un perro agoniza?
¿Debajo del gobierno, inerme y ciudadano,
yugando bajo el peso de sus grandes mentiras?
¿Qué hacer? ¿Qué hacer, hermano, lacerado de afiches
donde la coca-cola se mata de la risa?
Hay que encontrar la forma de dárselas con todo
porque a mí no me arreglan ya con otra aspirina;
pero, ¿qué hacer, hermano, debajo de la lluvia
como un desopilante inspector de cornisas?

Yo peatón, culpable de ser la muchedumbre,
yo mismísima culpa, no compro más tranvías!
Digo no. No y a muerte. ¡No redondo y en seco!
Y para todo el viaje digo un no cañonazo!
Un no en la plena jeta del mercader de Patria!
No, hasta que yo no tenga las treinta y tres de mano!

¿Se da cuenta, compadre? Era simple la cosa.
Como dicen los bolches: la libertad se ejerce.
Ya tengo la precisa. Digo no, simplemente,
y se les viene abajo toda la estantería.
Pruebe, compadre, empiece por los no más pequeños,
no a la pequeña burla que casi ni se siente,
diga no a los legales prósperamente oscuros,
a las fotonovelas, al cantante epiléptico;
no al opio venenoso de la Tevé y la Radio.
Diga no. Es una bomba: y con la mecha ardiendo!

Dígalo en todas partes: en su casa, en la feria
en la calle, en los trenes, en la cancha, en el viento;
lléveselo al trabajo de modo bien visible
y lúzcalo orgulloso como un pañuelo nuevo,
después, vaya subiendo en grados subversivos
hasta el no más heroico y de cada momento:
no a las persecuciones, a la atroz carestía,
a los golpes de Estado y a los edictos rengos;
no a los yanquis en Cuba (o en cualquier otra parte),
a la guerra asesina en Vietnam, por ejemplo,
a que humillen la sangre como en Santo Domingo
sumando nuestra sangre a sumados ejércitos;
diga no sin tapujos allí donde le cuadre
hasta que se propague por el país entero,
un no como una casa, grande como una casa
donde un día podamos alojar nuestros sueños

Pero si acaso siente por el aire un sonido
como de pueblo andando caudal en su torrente,
si fueran a buscarlo los compañeros río
para Jordán y limo de sus hondas vertientes,
empínese en la honra de la Patria que amamos
y salga a decir sí,
sencillamente.

Armando Tejada Gomez

Sebastian dijo...

no me gusta demasiado ese poema, pero comparto la idea general.
Allá por 1955 en la capital de Alabama, cuando un blanco se subia a un omnibus con todos los asientos ocupados, se le pedia a cualquier negro que estuviera sentado que le cediera su asiento. Un dia una negra no lo cedió, y fue arrestada. A partir de ese día y durante un año, ni un solo negro se subió a un omnibus. La empresa de omnibus quebró y la legislacion que permitia esa discriminacion fue revocada, una enorme victoria moral contra el racismo en el sur de EEUU
Tomar una medida así a nivel de toda una sociedad requiere un nivel de unidad y conciencia social que no creo que seamos capaces de generar en este pais, donde los intereses de pequeños feudos publicos son los unicos que valen y donde una enorme parte de la poblacion es parte del problema. Alguna vez alguna cadena de mail propuso boicotear las practicas de Ancel no usando el celular durante un día. Cuantos lo siguieron?
Los pueblos no solo tienen los gobiernos que merecen, tambien tienen los servicios que merecen

Alexander Murdoch dijo...

Excelente!. A eso mismo me refiero.
Lo que sucede es exactamente que con los papelitos que uno tira en la calle...uno dice "ah, si tiro uno no pasa nada". Y bueno. Esto es "si me quejo yo solo no va a cambiar nada".

Nadie termina quejándose de nada. La cosa sigue como está.

Recuerdo decenas de situaciones de personas conocidas y amigos que se quejaban de algo injusto y que decían "para que me voy a quejar si nada va a cambiar"

Bueno...yo soy de los que rompen las pelotas por todo lo que esta mal...quizás demasiado, lo acepto, pero prefiero no caer en la franja del indiferente. (http://alexhomar.blogspot.com/2005/11/la-franja-del-indiferente.html)